jueves, mayo 01, 2008

ARTÍCULO SOBRE LAS RETRANSMISIONES DEPORTIVAS EN TV

El arte de retransmitir en directo por televisión
Una imagen vale más que mil palabras


Antonio Jarabo Velayos

Cuando uno se sienta el domingo por la tarde a disfrutar del partido de la jornada acompañado de una cerveza o cuando uno se levanta a las cuatro de madrugada para conocer los resultados de un Gran Premio de Fórmula 1, pocas veces se para a pensar en todas las horas de esfuerzo, trabajo y coordinación que hay detrás los señores que nos acercan de forma edulcorada nuestras citas con el deporte. Por esta razón, se puede definir a la retransmisión deportiva, sin lugar a dudas, como un género estresante para los comunicadores que la llevan a hombros, pero también como una suerte espectacular porque se trata de un trabajo que permite provocar emociones, sensaciones y sentimientos en la audiencia. De esta manera, las retransmisiones deportivas logran informar y entretener al destinatario a la vez que aúnan bajo su espacio la emoción y el espectáculo de la rivalidad propia del mundo del deporte.

El concepto de la transmisión por televisión de cualquier acontecimiento supone, simplemente, la posibilidad de difundir tal acontecimiento fuera del ámbito estricto que abarca la visión directa de cualquier persona que pudiera estar contemplándolo in situ. Esta afirmación tan simple es, sin embargo, el origen de todo un complejo proceso de operaciones y actividades que comprenden un buen número de personas y de medios técnicos y artísticos. Esta conjugación posibilita que estos hechos sean vislumbrados por miles de millones de personas en todo el mundo sin la necesidad de que se desplacen fuera de sus hogares, lo que, por otro lado, sería materialmente imposible por la propia capacidad física de los lugares en donde tales eventos se celebran.

Dentro del ranking de los acontecimientos más seguidos por televisión desde que ésta nació, destaca claramente la difusión de los eventos deportivos, que cada día aumenta más su importancia en el ámbito de la comunicación. En esto influye irremediablemente la facilidad de enviar y recibir señales de televisión de una a otra parte del planeta de forma instantánea y la sencillez para los interesados de apretar tan sólo un botón de su televisión para descubrir cómodamente lo que sucede en ese momento en un recinto deportivo. En los últimos años, el deporte se ha convertido en el maná o la fuente de ingresos más importante para las emisoras televisivas. Hacerse con los derechos de imagen de clubes, de los jugadores o de la retransmisión de acontecimientos deportivos ha provocado una férrea lucha entre los medios que incluso ha servido para redibujar el nuevo marco audiovisual del país, sobre todo, a partir de la irrupción de las plataformas digitales. Esta situación ha llevado a que muchos deportes se hayan convertido en el objeto de pelea y discordia entre las grandes empresas multimedia, como sucede, por ejemplo, con la llamada ‘guerra del fútbol’ que tiene en vilo actualmente a Audiovisual Sports y a la Sexta, defendida por Mediapro.

No obstante, una vez que los medios se hacen, por fin, con los derechos de retransmisión de algún acontecimiento deportivo, se produce de nuevo otro inconveniente. Y es que es entonces cuando los encargados de estos programas se ‘estrujan’ la cabeza para encontrar la forma más atractiva posible de presentar tales contenidos. Para alcanzar este objetivo, los medios diseñan una estrategia comunicativa que, sin olvidar un acercamiento informativo al acontecimiento, tiende a espectacularizar el deporte en cuestión con la intención de captar el interés y la atención de la audiencia. Pese a que este tipo de decisiones producen que el periodista deportivo tenga que apostar por el sensacionalismo y la exageración en sus informaciones, dicha espectacularidad aparece como una fórmula necesaria para conseguir el éxito de la retransmisión deportiva, entendiendo que el éxito no consiste en proporcionar a los telespectadores un buen producto, sino en que la cadena de televisión obtenga altas cuotas de pantalla como consecuencia de esa cobertura. En definitiva, como en cualquier otro negocio, lo importante es conseguir dinero contante y sonante y éste sólo se consigue con elevadas cifras de audiencia que aporten jugosos contratos publicitarios en el futuro.

En consecuencia, no es de extrañar que las retransmisiones deportivas televisivas de hoy en día se entiendan como un género periodístico pomposo y rimbombante que, en su empeño por informar en simultaneidad con el desarrollo de una peripecia deportiva, explota las posibilidades comunicativas del medio, determinadas por la combinación de las técnicas narrativas de los profesionales involucrados (periodistas, operadores de cámara, realizadores, operadores de sonido, etc.) y por el uso magistral de las tecnologías disponibles con el deseo de generar beneficios económicos mediante la creación de un drama que sea capaz de mantener a la gente pegada a la pantalla del televisor. Así, el aficionado puede, de acuerdo con su grado de conocimientos y de simpatía por el tema o por sus protagonistas, llegar a sentir y manifestar estados de euforia y alegría descontrolada o, por el contrario, caer en la rabia y el desengaño, según el devenir de su equipo o deportista favorito. Esta es la parte buena de proceso comunicativo, la que se olvida del dinero y se centra en hacer la vida un poco más interesante al público.

Pero, ante todo, las retransmisiones deportivas televisivas son un proceso comunicativo compuesto de dos grandes vertientes. Por un lado, el proceso periodístico, que se corresponde con la construcción audiovisual del acontecimiento que realiza el medio y, por otro lado, el proceso de recepción de lo emitido, que implica la reconstrucción y la comprensión del espectador de todo lo publicado. Si se desea que haya una equivalencia entre lo que se cuenta y lo que se entiende, la improvisación debe dejarse en casa. Como en cualquier otra producción televisual, el trabajo previo a la realización de una transmisión es quizás el más importante, pero en lo que se refiere al deporte, la complicación se hace aún mayor, ya que el trabajo se ejecuta fuera de los estudios de televisión y con frecuencia la emisión se hace en directo, por lo que es imposible el arreglo de cualquier fallo que pudiera surgir durante el desarrollo de la cobertura.
Por consiguiente, para evitar cualquier tipo de error, es básica una profunda preparación de todo lo relacionado con la producción. Debido a que un evento de estas características es algo singular e irrepetible, el espectáculo televisivo que se forma entorno a él debe tener presente de manera general la ubicación, los accesos y los emplazamientos de la zona, los materiales, equipos y personal necesarios, el sistema de transmisión de la señal y la forma de emisión más apropiada, así como la energía eléctrica a utilizar, las comunicaciones internas entre los empleados y todo lo relacionado con la puesta en escena del producto audiovisual.
Con estos fines como pauta a seguir, es habitual en este género la tendencia del productor audiovisual de intentar seducir a los potenciales seguidores a través de la incorporación de nuevas técnicas e innovaciones tecnológicas para conseguir una mayor implicación del público con la competición. En este sentido, un aspecto curioso de estos contenedores visuales es cómo el posicionamiento y el desplazamiento de la cámara se han ido adaptando a lo largo de los años a cada modalidad deportiva, lo que ha propiciado que, en muchas ocasiones, la cámara se coloque en emplazamientos insospechados. Sin embargo, el ingenio y la creatividad de los comunicadores ha enriquecido la calidad de las imágenes registradas gracias a la obtención de planos subjetivos que parecen imposibles, que sirven para refrescar la tradicional retransmisión deportiva y que aportan una ingente cantidad de datos antes inimaginables. Es decir, son perspectivas y ángulos que hacen diferente el visionado de la práctica del ejercicio físico y que con una simple ojeada impactan a cualquier apasionado del deporte.

A modo de ejemplo, se pueden destacar, a grandes rasgos, el uso de cámaras acuáticas en las pugnas vividas en la natación que nos permiten ver cómo los nadadores se sumergen en cada uno los virajes. También es llamativo observar como una estrella de la ACB o la NBA ‘destroza’ el aro en un mate mediante cámaras de televisión que se sitúan justamente detrás de los tableros de las canastas. Igualmente, es necesario mencionar la sensación de velocidad que se transmite con aquellas imágenes rodadas desde los monoplazas de la Fórmula 1 o desde las motos de gran cilindrada de Moto GP, una circunstancia que expone con facilidad todos los detalles y gestos realizados durante la conducción, mientras muestra los riesgos que corren los pilotos en cada tramo. Por no hablar, de aquellos camarógrafos que hacen del ciclismo una hazaña épica y que se juegan la vida ‘apalancados’ en una moto mientras graban la subida del pelotón en un mítico puerto de montaña.
Estos casos son sólo algunos ejemplos de los aspectos que componen las modernas retransmisiones, pero no son los únicos. En los últimos tiempos, junto a la labor fundamental del presentador de guiar y explicar todo lo que sucede en las instalaciones deportivas, han proliferado una serie de importantes elementos gráficos. Estos valen para completar toda la información que el aficionado ha recopilado de las imágenes que ve y de los comentarios que el narrador hace. Pero ahí no queda la cosa, el ascenso de las nuevas tecnologías obliga a los medios a adaptarse y, en ocasiones, reinventarse. Y eso es lo que viene sucediendo desde el año 2006 cuando se produjo la primera retransmisión deportiva, gratuita y en directo por Internet. Desde entonces, esta innovación ha revolucionado la retransmisión deportiva en todo el mundo, ya que los inmensos usos y posibilidades de la red permiten contar con un auditorio tremendamente amplío y heterogéneo, lo que significa todo un reto para los periodistas y, como no, una enorme fuente de beneficios. Las retransmisiones deportivas cambian y se actualizan cada segundo, por lo que es seguro que no habrá que esperar mucho tiempo para volver a vivir una revolución de una magnitud similar a la que existe en estos momentos con Internet. Lo que está claro es que, sea cual sea el formato y la tecnología empleada, en el caso de las retransmisiones deportivas en televisión se cumple a la perfección el dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”.

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miércoles, marzo 26, 2008

CRÓNICA DEPORTIVA

‘Los Autos Locos’

Antonio Jarabo Velayos

Una temporada más los bólidos han vuelto a rugir y el olor a queroseno ha inundado los hogares de todos los amantes del motor y la velocidad. Hablamos del espectáculo de la Fórmula 1, la máxima expresión del automovilismo, que ha hecho escena en nuestros corazones por enésima vez. Como ya es tradición, el circuito de Melbourne ha sido la primera parada de este turbulento viaje hacia la gloria. Había expectación por ver cómo arrancarían y rendirían las numerosas joyas de la ingeniería mecánica y se esperaba una guerra de nervios y rivalidad debido a los cambios de cromos de las escuderías con respecto al pasado Mundial. Sin embargo, la carrera superó cualquier expectativa, ya que sólo siete coches llegaron hasta la línea de meta. El motivo de ello fue que las altas temperaturas del asfalto (unos 50º en pista) sacaron a relucir los problemas de fiabilidad de casi todas las marcas, lo que se tradujo en un carrusel de abandonos que rozaron cifras casi históricas (hasta 14 coches quedaron fuera de combate). A esto, hay que sumar que la agresividad de los conductores sigue intacta después de este parón invernal. Un circunstancia que se agradece por el bien del espectáculo.

Pero lo más sorprendente es que entre los vencedores de este arranque no están los Ferrari de Kimi Raikkonen y Felipe Massa (grandes favoritos de esta campaña) y sí el Renault de Fernando Alonso, que logró un valioso cuarto puesto que superó las previsiones de los más optimistas después de los problemas digeridos en la jornada de calificación. Pero, a pesar de este gran resultado, ayer se hizo más que evidente que el R28 de Fernando Alonso necesita una fuerte dosis de inyección para alcanzar una velocidad punta que sea competitiva con los McLaren, Ferrari y compañía. Una mejora que, desde luego, no precisa el coche Lewis Hamilton, que sale de Australia como primer líder del Mundial después de dominar de principio a fin la prueba. Asimismo, tampoco puede quejarse de sus vehículos el resto del podium en el que Nick Heidfield y Nico Rosberg rompieron todos los pronósticos y se colaron en el ‘hall de la fama’.

Con todo esto, lo que no se le escapa a nadie es que el mejor conductor de la actual parilla, Fernando Alonso, tiene por delante todo un reto, nada más y nada menos que competir contra los todopoderosos ‘cohetes’ de Ron Dennis y Jean Todt con una simple ‘bicicleta de pedales’. Ya en este primer duelo, Alonso ha sufrido lo indecible hasta el punto de que era incapaz de adelantar a los Williams, aún con menos carga de combustible que ellos. No obstante, a pesar de la odisea que vivió el asturiano a lomos de su monoplaza, hay que destacar que el Bicampeón del Mundo supo sacar pecho en los peores momentos y demostró que tiene muchas cosas que decir en este Mundial. Pero siempre siendo prudente porque, aunque Alonso ha obtenido un más que meritorio cuarto puesto, también es cierto que se ha visto beneficiado por la suerte del campeón y los problemas de sus rivales hasta en cuatro ocasiones, lo que significa que, por un lado, la mecánica va a seguir siendo un punto crucial en el desarrollo de las carreras y que, por otro lado, el pilotaje de Alonso está guiado por un ángel de la guardia que le ayuda a ‘sacar petróleo’ de donde nadie espera.

En resumidas cuentas, hay que decir que estamos ante un Mundial que no podía haber empezado de mejor forma y que nos hace pensar que tenemos por delante una auténtica montaña rusa en la que todos pueden ser protagonistas gracias a los llamados ‘autos locos’. Es decir, que estamos ante los inicios de un campeonato que se presenta emocionante, a la vez que inquietante, aunque la hegemonía de Hamilton parece clara, por el momento. Veremos qué tienen que decir en las sucesivas citas Raikkonen y Alonso, dos leones enjaulados que siguen muy de cerca la matricula y las evoluciones del británico. Mucha suerte, Fernando, y qué gane el mejor.

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sábado, febrero 16, 2008

ENTREVISTA A JOSÉ ANGEL DE LA CASA

"Cuando cantas un gol se refleja todo lo que
sientes en ese momento"


Antonio Jarabo

El Curso de Postgrado de Comunicación Deportiva contó la semana pasada con la presencia en sus aulas de uno de los pesos pesados del periodismo deportivo español, José Ángel de la Casa. La intervención del talentoso locutor se centró, principalmente, en dos pilares básicos: la evolución del periodismo deportivo en la historia y la herramienta de la narración deportiva. José Ángel es un hombre por cuyas venas corren miles y miles de horas de locución y es sin duda el narrador deportivo más en boca de todos los tiempos. No en balde, este informador toledano ha estado más de 30 años relatando competiciones olímpicas y citas futbolísticas.

De la Casa es recordado, sobre todo, por ‘dejarse la voz’ retransmitiendo ese emocionante gol de Señor en el histórico partido de España 12 - Malta 1 del año 83 y por ser el encargado de informar de la masacre vivida en Heysel, en la final de la Copa de Europa entre la Juventus y el Liverpool en 1985. También es un comunicador inolvidable por la gran pareja que formó junto al ex futbolista Michel en las conexiones de Televisión Española. Actualmente, compagina su vida familiar con su trabajo como colaborador en Radio Marca. En definitiva, José Ángel de la Casa es, y siempre será, todo un referente en el mundo de los micrófonos.

Después de estar vinculado 30 años a TVE y de haber comentado 300 partidos de la Selección Española, 6 mundiales y 7 juegos Olímpicos, ¿no está cansado del deporte?

No, porque el periodismo deportivo es mi profesión, es mi vida y pienso estar vinculado al deporte hasta que me aguanten las fuerzas.


¿Qué es lo que habría que mejorar del periodismo deportivo que se hace hoy en día?

Es difícil responder a esa pregunta, es muy complicado decir qué es lo que habría que poner y qué es lo que habría que quitar. A mi me gustaría, fundamentalmente, que los profesionales recuperaran la independencia de antaño y que no hubiera tanta vinculación a los medios. Yo echo mucho de menos la frescura que se tenía antes y esa, por lo menos, aparente independencia. Parece que ahora todo el mundo tiene que decir de qué equipo es, cuando desde toda la vida el periodista ha mantenido esa duda. Digamos que antes esa preferencia por un equipo la escondíamos y tampoco se notaba a la hora de realizar un trabajo. Sin embargo, a día de hoy parece que es imprescindible decir de quien eres y a partir de ahí, ponerse a trabajar.

Usted siempre ha dicho que si volviera a nacer, volvería a ser periodista, ¿qué es lo que tiene esta profesión que tanto le enamora?

Simplemente, que es una profesión muy bonita, muy atractiva, tiene muchos lazos con el mundo, con la gente, tiene muchos viajes… me gusta mucho la vida que llevamos. Es como un sacerdocio porque para hacer periodismo, hay que tener una vocación muy fuerte y yo creo que esa vocación nos hace ser a todos un poco especiales.

¿No cree que en los últimos años se ha desvirtuado el periodismo deportivo al caer demasiado en el sensacionalismo?

Yo creo que sí que hay un poco de esto en el periodismo de ahora. Yo creo que esto se debe a que el papel que desempeñan los futbolistas ahora no es mismo, han cambiado mucho. Se han dejado llevar por el mundo de las estrellas y son objeto del mundo del corazón. Antes los futbolistas eran ajenos a todo esto. Recuerdo que hace muchos años, le preguntaba al director de “¡Hola!” que qué tendría que hacer Butragueño para ser portada en su revista y me contestó que, prácticamente, casarse con una infanta. Y yo diría que entonces Butragueño era lo máximo en el fútbol mundial. Pero ahora, se cruza mucho el deporte y el corazón y esa mezcla no es buena ni para el periodismo deportivo ni para el propio periodista.


¿Por qué la Selección Española no vende tanto como puede atraer un partido del Real Madrid o el Barcelona?

Yo creo que la Selección Nacional sí que vende, lo que pasa es que vende tanto como el Madrid o el Barça cuando los partidos son importantes. La Selección Española siempre ha tenido un buen margen de audiencia, pero no cuando se disputan partidos amistosos o encuentros en los que no se juega nada. Yo creo que en los partidos de competición, en los enfrentamientos de verdad, la roja sí que cuenta con el apoyo del aficionado.

¿Sería capaz de volver a narrarnos ahora ese famoso gol de Señor en el partido España-Malta?

Sería imposible porque hace un año Amstel quiso hacer un spot publicitario y me pidieron que les grabara de nuevo el gol. Les dije que era prácticamente imposible porque era un gol tan caracterísitico y tan sentido que la gente enseguida iba a detectar que el gol era falso y a la gente no se la puede engañar. Sin embargo, lo intentamos y estuvimos una mañana entera en un estudio de grabación. Al final, vimos que no quedaba igual, porque cuando cantas un gol se refleja todo lo que sientes en ese momento y eso es irrepetible.

¿Quiénes son para usted los mejores narradores de fútbol que hay actualmente en España?

A mi me gusta bastante Carlos Martínez, y también Juan Carlos Rivero, Manu Carreño, Pere Escobar y José María del Toro. Luego está el surgimiento de Andrés Montes, que a mí, personalmente, me divierte, me distrae, y creo que es una manera diferente de informar y entretener, es una forma provocativa que ha caído bien en determinada gente.

Dada su experiencia como profesional, ¿qué consejo puede darles a aquellos que desean dedicarse en un futuro al periodismo deportivo?

Les diría que el comunicar es una profesión muy atractiva, que requiere mucho esfuerzo y trabajo, pero que sí de verdad les gusta esto, no dejen escapar ninguna oportunidad, que hagan todo lo que les ofrezcan. Esta carrera necesita una gran preparación, también dejar un poco de lado a la familia y a los amigos y, sobre todo, renunciar al tiempo porque cuando los demás están de fiesta o de vacaciones, tú trabajas y nunca puedes disfrutar de un fin de semana, ya que siempre hay competiciones importantes. Quiero decir que vamos un poco al revés de los demás y eso mucha gente no lo entiende, por eso, hay que tener mucha fuerza de voluntad.

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