EL HUMO QUE CIEGA TUS OJOS
Las Autoridades Sanitarias advierten de que el tabaco en el cine crea adicción...
Antonio Jarabo Velayos
El mundo del tabaco y del celuloide están mucho más relacionados de lo que en un primer momento puede parecer. Cuando un espectador se acerca a una película, pocas veces se percata de la enorme trascendencia que existe en la aparición de un cigarro, un puro o una pipa en la pantalla. Muchos creen que se tratan únicamente de meros complementos para llamar la atención o de accesorios que hacen más potente y creíble una situación.
Nada más lejos de la realidad. Y es que un cigarrillo, un puro o una pipa pueden ser usados en multitud de escenas y de películas con el fin de proyectar en el espectador una serie de significados ocultos. Por este motivo, el tabaco es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más potentes a la hora de construir personales cinematográficamente.
El hábito de fumar se representa en la gran pantalla en centenares de obras y su utilización no siempre se hace de forma trivial o decorativa. Es cierto que el hecho de que un personaje fume tiene grandes posibilidades estéticas que embellecen la imagen o la denotan un amplio abanico de sensaciones: misterio, perversión, sociabilidad, elegancia… El tabaco en el cine, desde sus inicios, se ha asociado a una serie de clichés, los cuales fabrican apariencias en los personajes adictos a este vicio.
Es curioso como en los largometrajes casi nunca se enseñan las consecuencias del consumo de esta droga. En cuanto a las razones del consumo, los personajes de ficción fuman para calmar el estrés o para relajarse y pocas veces lo hacen para satisfacer su adicción a la nicotina. Pero la cosa no queda ahí, sino que muchas veces la industria del cine se vale la capacidad de influencia de este arte para promocionar el tabaco entre los espectadores, que se acaban convirtiendo en potenciales clientes.
Esta postura ha sido criticada desde diferentes sectores sanitarios por ser un método encubierto de publicidad del tabaco y por dar mal ejemplo a la sociedad incitándola a fumar una y otra vez. Y es que las estrellas de cine fuman sin sentir sus consecuencias, parecen invencibles y encima suelen ser los protagonistas, los hombres y mujeres de éxito que ponen en pie todo un estadio con su simple presencia. Esto se refleja de una forma irónica en la obra “Gracias por fumar” en la que se acusa a la industria tabacalera de engañar y manipular a la población estadounidense.
Estos estereotipos son de lo más variopintos y ayudan a la construcción de un personaje y a su caracterización. En primer lugar, hay que destacar al tabaco con un gran aliado para conseguir un efecto de seducción y de deseo. Es el caso de las películas basadas en el arquetipo de la ‘femme fatale’ o en la búsqueda de la atracción sexual. Películas como “El último cuplé” o “Instinto Básico” y actrices como Audrey Hepburn, Marilyn Monroe Julia Roberts o Scarlett Johansson son el mejor ejemplo de esta circunstancia. Con estas hermosas mujeres no sólo se logra persuadir al público en sus butacas, sino que también se hace de forma indirecta una apología y una glorificación del tabaco.
Asimismo, el humo del tabaco también es un buen acompañante de aquellos films centrados en detectives, investigaciones criminales y casos sin resolver. Todo inspector que se precie siempre dispondrá de un mechero y una cajetilla de tabaco en su gabardina. En este punto, son inolvidables las caladas de Humprey Bogart en “Casablanca” y en “El halcón maltés” o de Sean Conery emulando al agente 007.
Igualmente, un cigarrillo en la boca puede verse en otras producciones cinematográficas como un instrumento para huir de la realidad, como una vía de escape hacia la soledad, la marginación, la tristeza, la autocompasión o como la única salida al terrible sentimiento de culpabilidad o simplemente como una forma de popularización y sociabilización irreal. Harvey Keitel en “Smoke” y en “Blue in the face” reflexiona ampliamente sobre esta cuestión: una colilla puede llegar a ser el mejor amigo del hombre, su acompañante más fiel y más querido.
Por otra parte, otro sentido que proporciona el recurso del tabaco es el de la dureza y la arrogancia de aquel que fuma un pitillo. Esta figuración define a estos protagonistas como a unos seres rebeldes, insensibles y egoístas. O lo que es lo mismo, se asocia una determinada acción con actitudes de trasgresión o incluso de benevolencia. Actores como James Dean en “Rebelde” o “Gigante”, Clint Eastwood en su trilogía del dólar o como Harry Callahan, se han visto envueltos en esta clase de papeles. Más recientemente Bruce Willis, Kurt Russell o John Travolta también ha vivido esta sensación en primera persona.
Esta idea también se relaciona con el poder y la opulencia que interpretan muchos actores en gran cantidad de films. Es decir, el tabaco, normalmente el puro, se manifiestan como un signo de superioridad, riqueza y soberbia, y casi nunca se le otorga un aspecto reflexivo o cualquier tipo de rasgo emparentado con la sabiduría. En este sentido, los hombres que desempeñan el rol de líderes, tradicionalmente los que son de raza blanca, en la mayoría de las ocasiones los que cuentan con unos 60 años de edad son los personajes con mayor propensión a fumar. En consecuencia, estos personajes logran acaparar sentimientos de lo más contradictorios: admiración, envidia, prepotencia, repulsión, frustración… Destacan Marlon Brando en “El padrino” o Benicio del Toro en “Che: Guerrilla” por citar dos ejemplos bastantes conocidos.
Al respecto, cabe resaltar como el tabaco es consumido en el séptimo arte para elaborar las cenizas de toda maldad o mejor dicho de la lubricación de que aquel que fume es el malo de la película Entre los archienemigos o antagonistas de un film es común descubrir como entre sus manos se posa delicadamente un cigarro. Robert Deniro en “Uno de los nuestros”, Denzel Washington en “Training day” o Robert Walker en “Extraños en un tren” son claras muestras de esta filosofía. Este concepto se comprende rápidamente con las palabras del periodista Javier Vizcaíno: “cuando sientes el alma negra, incluso el sentido estético parece decirte que los pulmones tienen que ir a juego, de luto riguroso, con crespón color nicotina quemada”.
Por otra parte, es frecuente ver como el tabaco se emplea también como una herramienta para los festejos, para reproducir algún tipo de consenso o simplemente para simbolizar la camaradería entre dos personajes. Es la personificación viva de la conocida ‘pipa de la paz’, presente en “Fort Apache” El tabaco también consolida la amistad, la camaradería y la complicidad, recordar los momentos vividos como hacen Ian Mackellen e Ian Holm en “El Señor de los Anillos”.
Por último, no hay que olvidar que el tabaco también se encuentra vinculado en varios largometrajes con el humor y la comedia. Charles Chaplin y Groucho Marx han contribuido ampliamente a este criterio. Gracias a sus ingeniosos diálogos y a sus actuaciones burlescas, siempre con un puro de origen habano como testigo, estos grandes cómicos y maestros de la risa han conseguido dotar al tabaco de una mirada muy peculiar. En conclusión, decir que el tabaco, al igual que el cine, es mucho más que un simple placer, es una fábrica de sueños y también, como hemos visto, una fábrica de personajes.
Etiquetas: Cultura., Reportaje de cine
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