jueves, mayo 14, 2009

SIMPLEMENTE TERROR DEL BUENO

EL RESPLANDOR
Antonio Jarabo
“El Resplandor” es una de las mejores películas rodadas por Stanley Kubrick. Se trata de una adaptación de una obra literaria escrita por Stephen King en 1977 en la que la locura y el terror psicológico son sus principales estrellas. En esta película, Kubrick consigue que los espectadores se queden pegados al sillón sin apenas pestañear gracias a un manejo excelente de la tensión y el suspense. Su truco no consiste en colmar el film de espectaculares efectos especiales, ni en desarrollar trama arduamente complicada. Simplemente, nos abre su mente y nos invita a pasar unas horas dentro de su inquietante cabeza.

El relato de la película cuenta como Jack Torrance (Jack Nicholson) intenta ganarse la vida como escritor. Mientras intenta alcanzar su sueno, Jack consigue un puesto como vigilante en el Hotel Overlook, una estancia que permanece cerrada durante los meses de invierno. En este cometido, Jack estará acompañado por su mujer (Shelley Duval) y su hijo (Danny Lloyd), los cuales no se imaginan la terrible pesadilla que les aguarda el destino. Para que el argumento cobre un mayor interés, Kubrick introduce en la ‘coctelera’ a un niño con curiosos poderes de premonición, unas gemelas fantasmagóricas y un torrente de sangre que vaticina ‘el redrum’ (la muerte). El resultado es un elixir cinematográfico potente y atractivo, que no deja indiferente a nadie.

Sin embargo, todo este relato se pone en cuestión totalmente al final del largometraje, ya que la última imagen revela que Jack lleva muerto desde hace bastante tiempo. Con este plano, Kubrick logra su propósito que no es otro que hacer de su film una fábrica de sueños. Es decir, Kubrick hace magia en tan sólo unos segundos: logra desmontar todo el argumento e incitar al público a que replanteé todo lo que ha visto e intente confeccionar sus propias conjeturas. Con esta herramienta, el autor logra algo que parece imposible, que cada persona elabore en su propio interior una explicación diferente.

La estructura de la cinta, fragmentada en diversos capítulos, es también todo un acierto del director, quién con esta división aumenta aún más la incertidumbre por conocer el desenlace de la trama. A pesar de su montaje en episodios, la verdad es que la película no es nada fácil de entender, un aspecto que puede no gustar a un público acostumbrado a llevar siempre el control de la película. Por esta razón, lo más recomendable es ver “El Resplandor” varias veces para descubrir decenas de detalles que en un primer momento pasan desapercibidos y así llegar a comprender esta obra maestra en todo su esplendor.

En mi opinión, buena parte del éxito de esta película recae en el brillante papel que interpreta Jack Nicholson, un escritor que sufre de insomnio y que acaba volviéndose loco fruto de ‘la nada’ que habita el hotel en el que se hospeda con su familia. Esta febril demencia llevará a Jack Nicholson a realizar una cruel persecución contra su familia, la cual concluirá con una de las muertes más recordadas de la historia del cine. Lo más destacable de Jack Nicholson es lo bien que adapta a su personaje el empleo de una mirada psicótica y una sonrisa maniática que, junto a la excelente banda sonora, convierte a esta película en una historia realmente perturbadora, pero al mismo tiempo fascinante.

En cuanto a la planificación, no se puede hablar de “El Resplandor” sin hacer mención al famoso plano en el que la cámara sigue el paseo del niño sobre su triciclo por los angostos e interminables pasillos del hotel. Gracias a imágenes como esta, se hizo popular el uso de la steadycam. También es de alabar las suculentas perspectivas que muestra la cámara en muchas de las escenas y la estética de gran angular empleada, ya que gracias a estos recursos el destinatario se empapa de las emociones que viven y padecen los personajes.

Llama la atención como a lo largo de la cinta se pueden localizar varios errores, una circunstancia que choca frontalmente con el carácter detallista del director. Y es que Kubrick era un director muy exigente, tremendamente meticuloso y lleno de excentricidades. Entre estos fallos cabe destacar como en la escena de los hachazos en el baño, se observa como los boquetes producidos en la puerta no son los mismos cuando se cambia de un plano a otro. Sabiendo lo perfeccionista que era Kubrick es muy probable que este sea un error voluntario, para dar a entender sutilmente que todo es un incomprensible juego de la mente.

En resumidas cuentas, la esencia de esta producción reside, precisamente, en la duda con la que el espectador se queda después de su visionado. Esa imposibilidad de explicar las cosas que pasan hace que esta obra sea sublime. En “El Resplandor” el surrealismo y el terror van unidos de la mano con la misión de ofrecer al gran público algo que no se espera, un hecho que el cerebro humano no puede soportar.: una historia sin resolver. A todos aquellos que acudan al cine con la intención de relajarse y no pensar, les advierto que esta película no se lo va a permitir porque se trata de un cine de terror casi en extinción, simplemente terror del bueno.

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