jueves, mayo 14, 2009

LA DELGADA LÍNEA ENTRE EL AMOR Y LA OBSESIÓN

ÉL
Antonio Jarabo
La película “Él” es un film rodado por Luis Buñuel en 1953 y que ha pasado a la historia como una de las 100 mejores obras del cine mexicano. Se trata de una historia de amor, con fuertes dosis de fetichismo, en la que se explica como la línea entre el amor y la obsesión es muy delgada. El tema principal de esta cinta es como el amor incondicional puede cegar hasta límites insospechados y puede llevar a una persona cuerda a saltarse todo tipo de barreras: desde arrebatarle el amor a un amigo, hasta torturar e intentar asesinar a ‘ese oscuro objeto de deseo’ que es la mujer amada.
Además, en esta producción también se percibe una fuerte crítica a la religión cristiana a la que se tacha en ciertos pasajes del film como una fe machista e insolidaria que no quiere ver más allá de sus problemas. Se muestra una parte de la religión trufada con una visión extremadamente conservadora y estrecha. Estos parámetros religiosos son los que se más brillan en el comportamiento del protagonista, ya que al ser un hombre creyente y devoto, ésta es la enseñanza que ha recibido desde su infancia.
En cuanto al reparto de la película, es destacable como los personajes principales están perfectamente definidos con dos personalidades opuestas y que, al mismo tiempo, se complementan. Es decir, por un lado, Francisco representa la decisión, la dominación y la posesión, mientras que Gloria refleja la adoración, la sumisión y el sacrificio.
El personaje de Francisco vive tan ‘encandilado’ de su mujer que no cesa de controlarla constantemente, siente celos de todo el mundo y paga sus inseguridades acusando a su esposa de tener una actitud demasiado abierta con los hombres. Siente un miedo atroz a que su mujer se enamore de otro y le abandone, por eso, no puede evitar acecharla en todo momento y castigarla cuando se siente engañado.
Por una parte, este temor es lógico, puesto que el amor puede surgir en cualquier parte, hasta en un lavatorio de pies. Sin embargo, lo que no es lógico es que sus celos le lleven a sufrir paranoias y alucinaciones hasta el punto de que se convierten en una enfermedad. En este sentido, da la sensación de que para Francisco, su mujer es como un trofeo del que alardear y, al mismo tiempo, es como una religión a la que venera y a la quiere por encima de cualquier cosa.
Llegados a este punto, es necesario subrayar como el papel de Francisco resulta muchas veces ridículo e insoportable como consecuencia de su ‘empecinamiento’ por ganar un pleito perdido, por ser un hombre de opiniones volátiles y por vivir rodeado de envidias y supersticiones. Es por esta razón por la que en muchos instantes Francisco recuerda a un niño caprichoso y malcriado que está acostumbrado a tener la razón.
No obstante, Gloria supone todo un recopilatorio de las virtudes femeninas de la época, siendo una dama dulce, sensible, comprensible, siempre dispuesta y tremendamente educada. Es sorprendente como la actitud de Gloria es siempre correcta, incluso cuando su grado de frustración es elevadísimo, ya que nadie la escucha ni la entiende y todos intentan darle consejos inútiles. Se siente desgraciada y desamparada porque está viviendo una pesadilla de malos tratos y anulación como si estuviera secuestrada bajo la prisión del estamento del matrimonio. Por este motivo, su única salida es recurrir a la ayuda de su amigo y antigua pareja, Raúl.
A medida que avanza la trama de “Él”, se observa como Gloria va descubriendo que debe ser ella la que luche por sí misma y por su libertad e independencia. Para ello, no debe de buscar ayuda fuera, puesto que nadie conoce al ‘auténtico’ Francisco, y debe reunir fuerzas para revelarse ante un ser que se encuentra enfermo de celos.
Uno de los rasgos que más llama la atención de esta obra es la habilidad de su director para sugerir información. En este film, se emplea a la perfección la norma que debe seguir todo buen cineasta: mostrar mejor que decir. Y es que hay multitud de situaciones en los que Buñuel opta adecuadamente por dar información al espectador por medio de sutiles ‘pinceladas’ antes que caer en el recurso fácil del diálogo.
De este modo, el público puede inferir muchas de las características de la personalidad del protagonista. Por ejemplo, se deduce que Francisco es un hombre observador, meticuloso y maniático por la forma en que coloca los zapatos de su mujer o cuando percibe que el cuadro de la habitación está ligeramente movido. Asimismo, se hace evidente que Francisco es muy egoísta por el detalle de que sólo se saca fotos suyas con los monumentos.
También es muy acertado emplear la voz en off de Gloria para contar sus penurias y desventuras a su amigo Raúl, porque, de esta manera, se atrae aún más la identificación y la compasión del público con la amargura que está sufriendo Gloria, es como si Gloria estuviera confesándose con los espectadores y les estuviera pidiendo ayuda desesperadamente. Sin embargo, lo que no tiene ningún sentido es el episodio de los falsos disparos, ya que no aporta nada nuevo a la historia y además no sorprende apenas porque ya se sabe que le mujer está perfectamente. Es una escena para rellenar y parece totalmente prescindible.
El final de la película es un ‘happy-end’, aunque también es un desenlace muy abierto, ya que, a pesar de que la obra concluye con Francisco recluido en un convento y con Gloria casada y madre de un hijo, se deja abierta la puerta de que Francisco vuelva algún día en busca de Gloria, puesto que aún no ha curado su obcecación por ella. Es una resolución poco llamativa porque todo apuntaba desde los inicios de la relación a que todo acabaría con algún enfrentamiento o con alguna tragedia. Se esperaba una conclusión más poética y dramática al estilo de otras producciones en las que el amor es imposible como Noviembre dulce o Titanic. La película tiene, por tanto, una estructura cíclica: comienza con Gloria como pareja de Raúl y Francisco sólo y refugiado en la religión, la única disciplina que le da calma, y acaba exactamente igual. Es un final equilibrado y justo que otorga la felicidad a Gloria y la desgracia a Francisco.
En resumidas cuentas, esta obra de Buñuel es, en cierto modo, una historia dual en la que se muestra la cara y la cruz de la vida. La cara llevaría consigo la moraleja de que, a pesar de todos los males que se sufran, la felicidad siempre es posible, y la cruz consistiría en la amarga sentencia del desconsuelo y el rechazo. En este punto, Luis Buñuel conoce el secreto para conmover y embriagar al público.

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