sábado, octubre 09, 2010

AMO LA CARRETERA

Carburando...

Antonio Jarabo Velayos

La vida es como una carretera sin rumbo y sin horizonte.
Hay momentos en que todo es como una recta interminable
en la que todo es fácil y sencillo, sólo hay que mantener el equilibrio.
Pero detrás de toda recta, siempre llegan las curvas y los problemas.
Intentas sortear todos los obstáculos, superar cada bache inoportuno.
Tratas de dejar atrás todas las piezas de ese eterno rompecabezas.
Y cuando cae la noche y la luna no brilla, todo se complica más,
es en esos momentos en los que el juego sólo es apto para mayores.
Una decisión errónea, un volantazo mal dado, una señal mal puesta
puede llevarte a un choque frontal, puede llevarlo todo al desastre.
Cuando vives esos instantes, nunca sabes dónde vas a desembragar.
Sientes constantemente la sensación de girar y comerte una cuneta,
Sientes ganas de cruzar el desfiladero sin frenos ni luces de emergencia.
Pero entonces es cuando tienes que echarle un pulso a la calle.
Aprieta los dientes con todas tus fuerzas y pisa el acelerador a fondo.
No te preocupes si en algún tramo quizás derrapes en exceso.
Nunca mires por el retrovisor, porque atrás ya no hay nada bueno.
Sigue adelante, mete quinta y si puedes mete también la sexta.
Camina hasta reventar el cuentakilómetros, revoluciona el coche.
Azota a los caballos sin piedad y finge ser el rey del asfalto.
Desahógate hasta que te quedes sin gasolina y el motor ruja de dolor.
Corre, vuela y atraviesa el norte hasta que el coche esté humeante.
A lo largo del viaje, digerirás pinchazos, averías y tormentas.
Todos los sufrimos y acabamos reconduciéndonos tarde o temprano,
todos terminamos atravesando las glorietas al son de un buen silbido.
Puedes pensar que el trayecto se haría más corto si llevas copiloto,
que todo éxodo es menos esclavizante sin alguien te guía y orienta,
pero en la mayoría de los casos ese alguien todavía no es tu pasajero.
Todavía debes seguir más adelante, aunque huela a neumático quemado.
No te dejes entorpecer por las indicaciones y conjeturas de los demás.
Apaga el GPS, cierra los ojos, suelta lastre y continúa avanzando.
Recorre las ciudades en tiempo record y no pares ni para repostar.
Sólo tú sabes cuál es tu meta, a quién debes recoger y a quién no.
Confía en tu instinto, trompea si hace falta y cambia de sentido mil veces.
Lo importante es que nadie atropelle tus sueños y tus ilusiones.
Carbura bien tus deseos y melancolías y adelanta cuando esté prohibido.
Esta marcha la vas a ganar tú sin necesidad de que nadie te remolque,
ponte guapo para la foto finís, sprinta como un loco y fulmina el crono
porque nada puede salir mal si vas montado en tu descapotable...

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